ENAMI y Rio Tinto avanzan con inversión de US$3.000 millones en litio, clave para la cadena de la electromovilidad
La alianza entre la estatal ENAMI y la minera global Rio Tinto abre una nueva etapa para el litio Salares Altoandinos. El acuerdo proyecta una inversión estimada de US$3.000 millones y fija un camino regulatorio y técnico que apunta a iniciar producción en la próxima década. El foco estará en tecnología de extracción directa (DLE), además de un diseño de gobernanza que combina control privado y participación estatal.
Qué se anunció y por qué el monto marca un punto de inflexión
ENAMI y Rio Tinto formalizaron una asociación para desarrollar el proyecto Salares Altoandinos, con una inversión total estimada en torno a US$3.000 millones. El anuncio se inserta en la estrategia del Estado para ampliar la cartera de proyectos de litio con socios privados, y también refuerza el interés de grandes mineras por activos de salmuera con potencial de largo plazo.
En términos de estructura, la operación considera que Rio Tinto adquiera una participación de control de 51% y ENAMI mantenga 49%. El diseño busca acelerar estudios y decisiones de inversión, pero además pretende mantener presencia estatal en un mineral crítico para la transición energética.
El acuerdo contempla aportes de Rio Tinto de hasta US$425 millones entre contribuciones en efectivo y no monetarias. Ahí entra, por ejemplo, su tecnología de extracción directa de litio (DLE). Además, se prevé un esquema de gastos por etapas para financiar estudios, sujeto a “gateways” de inversión.
El proyecto se ubica en la Región de Atacama y reúne salares como Aguilar, La Isla y Grande. Reportes del proceso de selección describen un universo de recursos por sobre 15 millones de toneladas de carbonato de litio equivalente (LCE), aunque esa cifra se valida con estudios y definiciones técnicas a lo largo del desarrollo. En paralelo, las estimaciones iniciales apuntan a una producción objetivo de hasta 75.000 toneladas anuales, con una rampa gradual.
Litio Salares Altoandinos y el encaje en la estrategia público-privada
El litio Salares Altoandinos se volvió una pieza relevante por dos razones. Primero, porque se presenta como un desarrollo “greenfield” con proyección de escala. Segundo, porque su hoja de ruta requiere permisos específicos que ordenan la discusión sobre control estatal, estándares ambientales y relación con comunidades.
La Estrategia Nacional del Litio incorporó instrumentos para viabilizar asociaciones en salares. En ese marco, el Contrato Especial de Operación de Litio (CEOL) funciona como habilitante. Cuando ese contrato queda listo para firma, el proyecto pasa de la etapa política a la fase de ejecución regulatoria y técnica.
Este encaje también tiene lectura económica. Chile busca capturar valor a lo largo de la supply chain de baterías, pero sin perder competitividad en comercio exterior. Por ello, los contratos y permisos pesan tanto como la geología. Además, el país compite con nuevos flujos de oferta desde Australia, Argentina y otros mercados que ampliaron portafolios.
En logística, el litio no se mueve solo. La operación futura demandará insumos, reactivos y equipos. También exigirá planificación de transporte y logística portuaria si el producto final se orienta a exportación. En ese contexto, los puertos y su capacidad de atender cargas mineras vuelven a entrar en la conversación de infraestructura.
Tecnología y diseño del proyecto: DLE, agua y estándares
La promesa tecnológica del acuerdo se apoya en DLE. Esta ruta suele buscar recuperar litio desde salmueras con procesos distintos a la evaporación tradicional. Aun así, el resultado depende de química, energía y operación. Por eso, el proyecto deberá demostrar desempeño en pruebas y luego en escalamiento.
El debate ambiental aparece de inmediato. En salares, el balance hídrico importa, y también importan los ecosistemas asociados. Por ello, el plan de desarrollo deberá sostener trazabilidad de impactos y, además, mantener un diálogo continuo con actores locales. Rio Tinto ya enmarcó públicamente el compromiso con estándares ambientales y participación de comunidades en la región.
En la práctica, la fase de prefactibilidad define parámetros críticos. Ahí se fijan variables de proceso, consumos y proyecciones de costos. También se delinean caminos de abastecimiento eléctrico y logística, porque el litio Salares Altoandinos no compite solo por recursos, sino por eficiencia operativa.

Permisos, CEOL y gobernanza: la ruta para destrabar inversión
El avance regulatorio define si el proyecto cruza el umbral hacia inversión efectiva. Autoridades informaron que el CEOL del proyecto quedó listo para firma tras aprobaciones regulatorias, incluida la revisión de Cochilco. Ese paso acota incertidumbre, pero todavía deja tareas, porque el cierre requiere condiciones y aprobaciones adicionales.
La señal de calendario también importa. ENAMI ha proyectado inicio de producción en 2032 con 35.000 toneladas anuales y un aumento gradual hasta 75.000 toneladas en tres años. Esa rampa sugiere una etapa inicial de estabilización de planta y, luego, un incremento que dependerá de desempeño técnico y permisos.
Además, el cronograma corporativo se cruza con el cronograma de cierre. Rio Tinto informó que la transacción se espera cerrar en el primer semestre de 2026, sujeta a aprobaciones regulatorias y otras condiciones habituales. Ese hito, si se cumple, ordena la gobernanza y acelera decisiones sobre ingeniería y financiamiento.
Un elemento clave es la cuota autorizada por la Comisión Chilena de Energía Nuclear (CChEN). En 2025, distintos reportes dieron cuenta de una cuota inicial de 545.000 toneladas métricas de litio metálico equivalente (LME) hasta 2060, con posibilidad de ampliación hasta 1.220.000. Esa autorización no reemplaza el resto de permisos, pero sí habilita el marco para planificar producción y reservas.
| Hito | Qué define | Ventana temporal referencial |
|---|---|---|
| Estructura JV 51/49 y aportes | Gobernanza, tecnología DLE y financiamiento de estudios | Anuncios y firma 2025 |
| CEOL listo para firma | Habilita el desarrollo bajo la estrategia estatal | 2025 (según reportes regulatorios) |
| Cierre de transacción | Condiciones y aprobaciones para formalizar el joint venture | 1S 2026 (estimación) |
| Inicio de producción | Primera operación comercial y rampa productiva | Desde 2032 (proyección) |
Impacto en comercio exterior, puertos y cadena logística
El litio se inserta en una cadena industrial global que funciona con tiempos estrictos. La demanda de baterías empuja contratos de suministro de largo plazo, y por ello los productores buscan estabilidad regulatoria y logística. Para Chile, esto se traduce en una agenda paralela: asegurar la extracción y, al mismo tiempo, sostener capacidades de exportación.
Si el proyecto avanza, la construcción moverá cargas sobredimensionadas, módulos y consumibles. Luego, la operación demandará transporte regular de insumos y salida de producto. Esa rutina presiona la infraestructura vial, además de servicios asociados. También puede aumentar necesidades de bodegaje y coordinación con terminales para evitar cuellos de botella.
En el plano marítimo, la conversación vuelve a los puertos chilenos y a su rol como interfaz del comercio exterior. La cadena del litio se conecta con navieras, seguros y trazabilidad. Por ello, estándares de manejo, documentación y coordinación aduanera también pesan. A la vez, cualquier interrupción logística se refleja en costos y en reputación comercial.
Lectura geopolítica: minerales críticos, inversiones y competencia
El litio se consolidó como mineral crítico para la transición energética y para la seguridad de suministro industrial. Por eso, la entrada de Rio Tinto en un proyecto de este tamaño no se interpreta solo como negocio. También se lee como posicionamiento en un portafolio global de minerales, donde la compañía busca escala y resiliencia.
Para Chile, el caso litio Salares Altoandinos funciona como test de diseño institucional. El país intenta atraer capital y tecnología, pero también intenta sostener control estratégico a través de participación estatal y reglas claras. Esa combinación puede resultar competitiva si logra reducir tiempos de decisión, sin deteriorar estándares ambientales.
El mercado, sin embargo, seguirá siendo volátil. Los precios del litio han mostrado ciclos fuertes. Además, nuevos proyectos internacionales empujan oferta. En ese escenario, la eficiencia operativa, la calidad del producto y la continuidad logística determinan quién sobrevive en el largo plazo.
Por ahora, la noticia principal es que la inversión de US$3.000 millones ya tiene socios, estructura y un conjunto de hitos que ordenan el proceso. A partir de aquí, el desafío será ejecutar estudios, permisos y decisiones de inversión con disciplina técnica, y con transparencia frente a la opinión pública.






















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