Desde el 25 de octubre, las compras internacionales de hasta US$500 deben incluir IVA en el precio cuando la plataforma está inscrita en el SII. Si no lo está, el impuesto se cobra al ingresar al país y lo gestiona el operador (courier o postal). Ese diseño reduce fricción, pero exige datos y control consistentes.
El número que explica la tensión: volumen y mezcla de canales
Aduanas informó que en el primer mes se tramitaron 3.733.446 envíos asociados al nuevo esquema. En el desglose publicado para el período, los envíos bajo US$500 se concentraron en dos carriles: courier y Correos de Chile. Esa mezcla importa porque los flujos operan distinto y requieren capacidades distintas.
En courier se registraron 3.347.967 envíos bajo el umbral, con 76,7% llegando con IVA cobrado. En Correos de Chile se reportaron 361.095 encomiendas, con 63,65% con IVA incluido. La diferencia anticipa dónde habrá más fricción y más cobros a la llegada.
Para el dato oficial y el detalle de cifras, revisa el balance oficial de Aduanas. Y para entender el “quién cobra y cuándo”, consulta cómo opera el IVA Digital.
Qué parte del proceso se vuelve cuello de botella
Con este volumen, el cuello de botella rara vez es un solo punto. Aparecen varios. Primero, la calidad del dato previo (declaración y clasificación). Segundo, la selectividad por riesgo y la fiscalización efectiva. Tercero, la coordinación entre zona primaria, operadores y sistemas.
Cuando el IVA viene cobrado en origen, el flujo tiende a ser más rápido. Hay menos pasos de cobro y menos incidencias. Pero cuando el IVA no viene incluido, se agregan gestiones. Suben las consultas. También suben las retenciones. Eso se traduce en más permanencia en bodega.
Aduanas indicó que estos envíos son tramitados por la Aduana Regional Metropolitana. También señaló refuerzo de fiscalización para verificar cumplimiento y resguardar seguridad. En la práctica, eso significa más control en un sistema que ya corre al límite.
Impacto logístico: tiempos, bodegas y última milla
El e-commerce vive de promesas de tiempo. Por eso, la tensión operativa se expresa en tres variables: acumulación, variabilidad y reclamos. Si la variabilidad sube, las redes de última milla pierden predictibilidad. Además, los costos unitarios aumentan.
En peak estacional, el riesgo crece. Hay más arribos y más mezclas de productos. Suben las excepciones. Suben también las inspecciones. Sin automatización y datos consistentes, el sistema compensa con mano de obra. Esa salida tiene techo.
Qué debería ajustar el ecosistema para absorber el nuevo régimen
Para reducir fricción, el mercado necesita estandarizar el dato. Además, requiere trazabilidad. Esto incluye clasificación más precisa y mejor integración con plataformas inscritas. También exige reglas claras para excepciones y cobros a la llegada.
Desde el ángulo regulatorio, el IVA Digital se conecta con modernización. Para contexto, revisa reforma aduanera 2025 y el enfoque de aduana sin papeles 2026. En ambos casos, la clave es gestión por datos. Sin eso, el volumen manda.
En paralelo, este cambio convive con un escenario de comercio exterior más exigente. Puedes contrastarlo con cifras de comercio exterior 2025 y la recaudación aduanera 2025. El punto es simple: más carga y más control, al mismo tiempo.






















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