Túnel Agua Negra: corredor Coquimbo–San Juan y efectos logísticos

El Túnel Agua Negra vuelve a instalarse como una pieza crítica para un corredor terrestre más predecible entre Coquimbo y San Juan. Si avanza, el impacto no será solo binacional: puede reordenar decisiones de ruta, costos y tiempos para cargas del Cono Sur. La clave está en transformar un paso estacional en un cruce de montaña con continuidad operativa.

Qué es el Túnel Agua Negra y por qué importa para la logística

El proyecto apunta a construir un túnel internacional de alta montaña en el Paso Agua Negra, con el objetivo de mejorar la conectividad entre la Región de Coquimbo (Chile) y la provincia de San Juan (Argentina). En términos logísticos, el valor es directo: más continuidad, menos incertidumbre estacional y una ruta alternativa para flujos que hoy dependen de ventanas climáticas y de pasos que pueden saturarse.

En el marco de corredores bioceánicos, la discusión se conecta con el debate mayor sobre integración y competitividad regional. Para contexto y gobernanza de estos ejes, ver el análisis sobre el Corredor Bioceánico Central.

Parámetros técnicos: longitud, altura y configuración

Las referencias públicas más citadas sitúan la obra en el orden de ~13,8–13,9 km y con una configuración de dos túneles (tubos semiparalelos) de dos carriles cada uno, diseñada para operación segura con ventilación, electricidad y sistemas de control. Además, se espera que el trazado reduzca la altura máxima del cruce respecto del paso actual, lo que mejora el perfil de riesgo del tránsito.

Los antecedentes de financiamiento multilateral vinculados al proyecto fueron informados por el Ministerio de Obras Públicas (MOP) y por la ficha del programa en el Banco Interamericano de Desarrollo (BID). Para una ficha técnica regional (cartera de integración), revisar también la API IIRSA del Túnel Binacional Agua Negra.

Efecto puerto: qué podría cambiar para Coquimbo

Para el puerto de Coquimbo, la oportunidad se juega en el “hinterland” ampliado: captar mayor carga del interior argentino con mejor confiabilidad terrestre. Sin embargo, ese potencial no llega solo. Si la ruta se vuelve más competitiva, la presión se traslada a accesos, patios, coordinación documental y servicios de comercio exterior.

En paralelo, la Región de Coquimbo tiene otras discusiones de infraestructura portuaria en curso, como el caso de Cruz Grande, lo que refuerza una idea: el territorio se está reposicionando en conversación logística, pero requiere consistencia en planificación y permisos.

Corredores, competencia y “desvío de flujos” en el Pacífico

El tablero portuario del Pacífico Sur se está moviendo por nuevas capacidades y hubs. Por eso, más que prometer “milagros”, el análisis útil es comparar: qué corredor baja fricción, dónde hay escala y cómo cambian las redes. Un buen ejemplo es el debate sobre Chancay y el desvío de flujos, que muestra cómo infraestructura y servicios pueden alterar rutas en poco tiempo.

Riesgos operativos y condiciones para que el corredor funcione

En túneles de alta montaña, el “éxito” no depende solo de perforar y hormigonar. Depende, además, de tres capas: (1) seguridad y operación (ventilación, emergencias, protocolos), (2) conectividad previa y posterior (rutas de acceso, mantenimiento, nieve), y (3) frontera (aduanas, interoperabilidad documental, capacidad en temporadas altas).

Por eso, tiene sentido mirar el túnel como parte de una agenda mayor de infraestructura logística en la región. En América Latina, varias carteras están empujando paquetes completos (puertos + carreteras + ferrocarriles), como se observa en la cartera APP 2025–2026 en Perú. La señal es clara: sin multimodalidad y sin “back office” (documentos/sistemas), la obra pierde rendimiento.

Qué mirar desde ahora: hitos verificables

Para seguir el proyecto con rigor, conviene monitorear hitos verificables: decisiones de gobernanza binacional, calendario de licitación, definiciones de operación (peajes, estándares de seguridad) y planes de refuerzo en rutas y servicios del lado chileno y argentino. Cuando esos hitos se publiquen formalmente, el corredor deja de ser “promesa” y pasa a ser hoja de ruta medible.

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